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Alabo a Simeone. Quizá como el 99% de socios, simpatizantes e hinchas del Atleti. Una persona que se ha ganado tal crédito que podría descender a este equipo a Segunda División y aún así seguir alabándolo. Quizá por eso sea más difícil criticarle cuando lo hace rematadamente mal.

El Atleti probablemente dio la peor imagen desde que Diego Pablo entrena este equipo. Por momento y lugar. La palabra que mejor define el gatillazo de ayer es decepción. Decepción de ver cómo unos jugadores que se han partido la cara cientos de veces, ayer fueran gatitos mansos a merced de un Real Madrid que, siendo muy honestos, fue muy superior sin hacer nada del otro mundo. Sin presión, sin tensión, sin querer ir a ganar, ni tan siquiera a marcar un gol que hoy en día da la vida. Un planteamiento rácano, vulgar, paupérrimo y que no corresponde al Atlético de esta era.

De anoche solo se puede rescatar a dos muchachos, quizá tres. Oblak fue el mejor. Gracias a él, hoy no estamos digiriendo una tragedia mayor. Griezmann es el siguiente. El único que pareció entender el escenario en el que se estaba jugando los garbanzos de la temporada. Tristemente aportó mucho más en defensa que en ataque, ya que el conjunto rojiblanco no disparó ni una vez a portería. El tercero en discordia es Filipe Luis, quien al menos devolvía las tarascadas que se llevaban tanto él como sus compañeros. Al resto los estamos esperando aún en el Bernabéu.

El Madrid pegó. Repartió estopa y rascó tobillo. Ramos debió ser expulsado por otra de sus innumerables idas de olla al propinarle un codazo a Lucas en la nuca (luego nos venden su habilidad para rematar los córners sin marca) e Isco jugó con fuego y Zidane lo sacó del campo antes de que Atkinson se diera cuenta y le mostrase la segunda amarilla. El Madrid pegó, y bien que hizo. El Atleti era quien pegaba antes, era quien rascaba, quien no se dejaba amedrentar. ¿Recuerdan lo de “los violentos”? Hoy ya no lo somos. Por eso miramos al marcador y vemos un decepcionante 3-0. Ahora son ellos los que están encendidos todo el partido y cuando avistan un conato de rebelión, lo apagan con una entrada a tiempo. El Madrid ha embebido la esencia que permitía al Atleti pintarles la cara estos últimos años.

Esta semana el Atleti entrenó en el Bernabéu, cambió sus hábitos previos al partido e incluso salió de negro y amarillo al césped. Dicen que por orden UEFA, pero creo más bien que fue Simeone quien deseaba ese cambio. Sea como fuere, el Atleti intentó por la vía espiritual revertir la situación de los derbis en Champions, y acabó como el rosario de la aurora. La suerte esquiva, el karma que hace caso omiso y vuelve a beneficiar al Madrid, etc. Pamplinas. El karma, la suerte, el destino y la fortuna murieron en Milán. Buscar ayuda en lo divino se lo tenemos que dejar a los de las ouijas e invocaciones a los que ya no están. El Atleti tiene que trabajar, sudar, pegar y molestar para triunfar. De rojiblanco, de aurinegro o de verde y naranja. El resto no es más que agrandar la desdicha de una derrota sin paliativos.

Ahora, si bien es cierto que el Atleti tiene pie y medio (o tres cuartos) fuera de la final de Cardiff, tiene una oportunidad de oro para acabar con las causas imposibles, las desdichas, el ser el Pupas y toda esta leche. Tiene 90 últimos minutos de Europa en el Estadio Vicente Calderón; 120 si se da el milagro; para que el desastre de anoche se convierta en una eliminatoria legendaria, que honre a una casa que ha visto de todo, pero que nunca se ha rendido. Una última oportunidad para que la vergüenza y pena que pasamos los atléticos ayer, se torne en locura y emoción descontroladas. Por amor propio y por dignidad, el Atlético de Madrid tiene una semana para hacerse a la idea de que perder entra en el guión, pero no morir sin oponer resistencia. Y si hay un escenario para morir con orgullo y honor, es a las puertas de una final de Champions, en la última función europea que brinda tu hogar.

Y pobre de aquel que alquile su abono a un asiduo de Concha Espina.

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Futbolista frustrado. Productor audiovisual y narrador deportivo. Coleccionista de camisetas de fútbol y cervecero profesional.

Aquí hemos venido a hablar del Atlético de Madrid.

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