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El Vicente Calderón cierra hoy sus puertas para siempre. Pese a que aún le falta una final de Copa del Rey y un amistoso benéfico, el verdadero fin de sus días como hogar del Atlético de Madrid llega esta misma tarde. Un punto y final que pone el broche a una era, a generaciones de rojiblancos que atravesaron sus puertas y que vivieron mil historias dentro de sus muros. Parte intrínseca de la historia del Atleti y de la ciudad de Madrid, a la que hizo vibrar en miles de ocasiones con los goles colchoneros.

Mágicas noches de Champions

Un recinto mágico, siempre pionero tanto en España como en Europa, y que ha vivido mañanas, tardes y noches legendarias, no sólo para el Atleti, sino para el resto del planeta fútbol. En su césped han jugado los mejores futbolistas de la historia, todos, sin apenas excepción. Muchos de ellos para hacer frente al Atleti y a sus 50.000 soldados, que durante 51 años han velado, alentado y protegido a su equipo. Y es que el Vicente Calderón no se entiende sin la hinchada rojiblanca. Una de las mejores y más brillantes joyas que guardará en su recuerdo, es la de lograr una afición única, que ha tragado días de tormenta, de nieve, frías como el invierno de Plutón, y a veces hasta con unos jugadores en el césped que no daban la talla.

Pero no todo fue así, ni mucho menos. El Calderón ha vivido más glorias que penas. Un estadio que ha albergado partidos de Segunda División y semifinales de Champions League. Da para muchas cosas, y muchas buenas. A veces, hasta el resultado del partido era lo menos importante. La atmósfera embriagadora que ha atrapado miles de almas de niños, y no tan niños, para convertirlos a una fe, es mérito exclusivo del Calderón. Esos primeros partidos de cada uno de los que hoy lloramos la pérdida del escenario protagonista de alguno de nuestros recuerdos más deliciosos.

El Calderón cierra sus puertas tras tardes y noches mágicas.

Somos muchos los hijos del Calderón. 51 años dan para muchas de esas almas. Gente que liga el fútbol sólo al Vicente Calderón, puesto que es el único fútbol que conocen. Gente que queda cautivada a este trozo de hormigón, y aunque a partir del otoño que viene se reúna en la otra punta de Madrid, en un nuevo estadio (ojalá sea tan maravilloso y sintamos tan propio como éste), una parte de su vida se irá con él.

Es un hogar. Nuestro hogar. Tristemente se muere, o lo han dejado morir, pero en definitiva, desde dentro de unas horas, será parte del pasado. El mejor legado que deja es un Atleti a su imagen y semejanza. Duro, muy duro, frío en apariencia pero ardiente de espíritu, machacado por los golpes de la vida y que, sin embargo, tendrán que tirar por las malas, porque por las buenas no se cae. Ni se caerá, porque desde hoy y para siempre, todo aquel que ha pasado por sus puertas, lo llevará con él para toda la vida.

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