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Ayer supimos todos la decisión definitiva (y muy previsible) del Tribunal de Arbitraje Deportivo, comúnmente conocido como TAS, por la cuál obliga al Atleti a cumplir su castigo que prohíbe la inscripción de nuevos futbolistas durante el mercado de traspasos estival.

Una ratificación de algo que ya se sabía, que es que el Atlético de Madrid lo hizo rematadamente mal. Podríamos entrar a debatir sobre si al Real Madrid se le perdonó un caso muy similar o sobre si desde el club se justificaron 60 y tantos puntos de los 100 que condenan a Simeone y su cuerpo técnico a lidiar con una nueva temporada sin fichajes, pero cualquiera de esos debates no cambiaría el inmenso error que ha realizado la gestión del club.

Es momento de señalar, de hacer autocrítica y de pensar qué rumbo estaría llevando el Atlético de Madrid si ahora mismo no tuviera al señor milagroso al frente del banquillo. A día de hoy, la afición, los técnicos y la propia plantilla son el clavo ardiendo al que se agarra un club que lleva más de 30 años sin hacer las cosas como deben hacerse. Una gestión pésima tras otra gestión pésima, que culminan en un año desastroso en lo institucional con este nuevo varapalo. El hincha atlético debe besar los pies de Diego Pablo y sus compañeros porque ayer mismo no cogieran la puerta y se marchasen para no volver.

Porque como institución, el club bien lo merece. Merece un severo correctivo que aún no se han llevado debido al apartado meramente deportivo, que paradójicamente, es el mejor de la historia. Pero este año han hecho verdaderos méritos para tirar todo por la borda.

En primer lugar, el estadio. Desde LaGradona, por supuesto, no entramos al debate sobre si es mejor, peor, igual o diferente el cambio de estadio, puesto que como todo, tiene sus ventajas e inconvenientes; pero lo que sí es seguro es que no se ha gestionado bien.

FOTO: La Gradona

Abandonar el Vicente Calderón con el Metropolitano sin acabar, con unos accesos aún por construir, sin consultar absolutamente nada al socio atlético, y en un cambio de discurso prolongado en los últimos años, donde se ha pasado de tener un proyecto beneficioso a deber una millonada de euros, es, como poco, un error grotesco e impropio de una institución que mueve tantísimo.

Siguiendo para bingo, y acorde al nuevo estadio, vino la calamidad más innecesaria y chapucera del año: el escudo. Un escudo que en un 99% de los aficionados no sólo no gusta y no representa, sino que además lo toman como un insulto hacia la historia del club y hacia ellos mismos. Tampoco hubo consulta, siquiera para presentar varias opciones si tan obligatoria era la necesidad de diseñar un nuevo “logotipo”. Un anuncio que sorprendió y dolió a la masa social rojiblanca, pues era algo que verdaderamente ni se entiende, ni se agradece.

Tercero, la mala prensa y el atropello constante que recibe el Atlético de Madrid. Una prensa que se ceba y retoza sobre las calamidades colchoneras mientras, una vez más, los dirigentes les bailan el agua o se hacen los locos.

Theo Hernández ante el Melbourne Victory. (Fuente | Atlético de Madrid)

Esto, por supuesto, ya viene de muchos años antes, pero especialmente esta temporada, con los casos de Lucas y Theo Hernández; uno por su pelea doméstica (donde se llegó a acusar hasta de maltratador) y el otro por su más que posible fichaje por el Real Madrid, donde han dejado al Atleti una y otra vez fuera de toda responsabilidad, sumado a los constantes embistes contra Griezmann para mandarlo a Manchester y todo siempre bajo el discurso de que Simeone se marchaba del club. Ni una sola queja, ni un solo comentario, ni una sola defensa por parte de la dirección del club a sus valores más sagrados, que son sus propios empleados y a los que deben estar más que agradecidos.

Y por último, la debacle más que anunciada de ayer. Un caso que se une a una larga lista de delitos e irregularidades que el club ha realizado a lo largo de los años, y los cuales han ido preescribiendo o pasando al olvido, o salvándose en el último momento. Algo que debe ser intolerable y más que reprochable, puesto que de su gestión dependen todas las demás áreas de la sociedad, y que a día de hoy pone en peligro un proyecto deportivo ambicioso y real como ninguno antes en la historia.

El Atlético de Madrid, a día de hoy, como institución, necesita mejorar, y mucho, si no quiere acabar como el rosario de la aurora, pues de ellos, y únicamente de ellos, depende que el equipo y la afición, continúen peleando entre los mejores, donde merecen estar siempre.

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