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Ángel Correa levanta el balón ante la salida de Bono. (Fuente | Atlético de Madrid)

El cuerpo en La Liga y la mente en la Copa del Rey. El “partido a partido”, contextualizado por la mano de hierro del FC Barcelona en competición liguera, se diluye. El Atlético pensó más en la vuelta del Sánchez-Pizjuán que en vencer a un sólido Girona. ¿El resultado? Empate y dando gracias.

Comenzaron bien los jugadores rojiblancos y la afición. Minuto de silencio, esta vez real, para despedir a Rubén ‘Panadero’ Díaz con los honores que merece su figura. El resto, lo que sucedió sobre el verde, no tuvo mayor historia. La falta de fluidez del balón y la previsibilidad acotan las posibilidades de gol. Un lanzamiento lejano de Griezmann, alguna combinación rápida y poco más.

Porque de ahí, de una combinación rápida tras robo, llegó la mejor ocasión previa al gol. Faltó la puntería, ese enemigo público que tiene el Atlético en estos últimos años. Una vez probada la suerte, el gol se produce tras una muestra de lucha de Griezmann. El francés pugnó desde el suelo, robó para Thomas y el ghanés puso el balón perfecto para que Costa asistiera de cabeza al ‘7’ colchonero. Gol y a dormir el partido. El plan maestro de la temporada que te da y te quita, pero que no muta, volvió a verse sobre el Metropolitano.

El segundo tiempo ahogó de nuevo al Atlético en su propio conformismo y en su falta de acierto. La ocasión más clara la disfrutó Yannick Carrasco, pero su mano a mano acabó en el cuerpo de Gorka Iraizoz (Bono se lesionó tras chocar con Costa en el gol rojiblanco). El belga, que no hizo un partido mayúsculo, dejó pasar una ocasión de oro para ampliar la ventaja rojiblanca en el marcador.

Las sustituciones de Diego Costa y Antoine Griezmann, en ese orden, mataron al Atlético. Pensando en Sevilla, el Girona aprovechó el despiste general de los rojiblancos. Koke despeja a la otra punta del área, golpea un jugador gerundense desde el balcón del área y Portu, el más listo de todos, se adelanta a Oblak y Savić para colocar el empate en el electrónico. El nerviosismo y las prisas, malas consejeras, se unieron al juego horizontal y falto de ambición del Atlético.

El partido abocado al empate (por la esterilidad ofensiva rojiblanca y el muro amarillo que había en frente) a punto estuvo de acabar en desgracia. Volcado en ataque, el Atlético desvió su vista en la retaguardia. Jan Oblak, sin embargo, sí prestó atención. Balón en largo para Olunga y falta del esloveno fuera del área. El portero colchonero vio la cartulina amarilla y el Atlético se llevó en empate ante un Girona valiente y aguerrido que no se dejó doblegar en ningún momento por el equipo de Simeone.

Ahora, con la mente en Copa del Rey, el Atlético visita el estadio sevillista en horas bajas, con un juego pobre y la necesidad de hacer dos goles para pasar a la siguiente ronda. Mientras tanto, en La Liga, Barcelona y Valencia tienen en sus manos ampliar la diferencia y recortar la renta con los ‘chés’.

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