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Cuando allá por diciembre del año 2016 se realizó la presentación del Wanda Metropolitano como tal, nadie tenía la más remota idea de que con el nuevo estadio, el Club Atlético de Madrid mudaría también de escudo. Nadie sospechaba que, aquel día, iba a ser un punto de inflexión en la afición del Atleti.

Una afición a la que no se ha tratado bien, y que también ha pecado de remolonear cuando no debía. El nuevo escudo llegó y a la gran mayoría, como es normal, no le gustó. No porque el nuevo escudo (al que llamaremos logotipo) sea feo o no (aunque personalmente sí me lo parece), sino porque es un cambio, a pesar de la cantidad de voces entendidas de temas de diseño y márketing digan lo contrario, innecesario.

Y es innecesario porque tocarlo supone agitar un avispero, que estaba tan tranquilo, y que había tragado con un cambio de estadio sin apenas rechistar. Había que tensar más la cuerda desde el club, y se columpiaron. Y sacaron el logo, creyendo que eso les haría mejorar de cara al resto del mundo (y que quizá hayan conseguido) pero dando la espalda a los que les dan de comer, a los suyos. Al avispero.

A las ventas nos remitimos. Sí, es cierto, no hay datos oficiales (ni los habrá) que digan que, efectivamente, el Atlético de Madrid no vende un guano. Pero hay referencias de sobra para saber que éxito, lo que se dice éxito, como que tampoco.

Vayamos a la tienda web. Allí, la camiseta local, de hombre, la original, la rojiblanca, la oficial, vale 60 euros. Y te regalan el dorsal y el nombre, que años ha, costaba sus 20 euritos. Quien esté habituado a comprar camisetas, ya no solo del Atleti, sino de fútbol en general, sabe que los 60 euros es precio de saldo. Que el año pasado, la camiseta 16/17 costaba 75 a estas alturas, y hasta final de temporada, y si querías ponerte a Koke o a Paco en la espalda, tenías que aflojar otros 15 o 20. 100 pavos, vaya. Y ahora 60. Con Koke, Paco, o San Agustín de Hipona en la espalda.

Al comienzo de la temporada, como precio estándar que propone Nike (quien también se ha lucido con los diseños), las camisetas de la firma americana rondan los 85 euros.

Camisetas del Inter de Milán y Sporting de Gijón, también de Nike, a precios habituales. (FUENTE | Inter Store / Tienda Sporting)

Así hasta navidad, donde suelen hacer una bajada y alguna oferta para incentivar las ventas, y desde ahí, mantener esa bajada para no llegar a verano con excedente de producción, pues la nueva temporada apremia y las nuevas camisetas salen a finales de julio. Ahí, en esa época de final de curso, se suele hacer otra rebaja (no siempre) de otros 10/15 euros, puesto que ya llegan las nuevas con sus 85 euros correspondientes. De hecho, a día de hoy, la camiseta del Inter de Milán cuesta 85 euros todavía, e incluso la del Sporting de Gijón, que milita en Segunda División, se mantiene a 75 euros.

Ahora, la segunda camiseta, con dorsal y nombre, está en 53 euros. 

La camiseta visitante de esta temporada está rebajada casi al 50% (FUENTE | Atlético de Madrid Store)

53, que es lo que cuesta normalmente una camiseta del Atleti de temporadas anteriores, en su tienda. En el Calderón, quien haya ido, seguramente sepa que si te dabas un paseo por la zona outlet (esas camisetas agolpadas en dos o tres perchas, donde encontrabas la de portero de 2012 gris o la de la espalda roja 2016) los precios rondaban los 40/50 euros por zamarra.

No hay que ser un lince para saber que las bajadas exacerbadas de precio son un claro síntoma de falta de ventas.

Otra cosa que llama la atención es ver cómo el merchandising más allá de la ropa es prácticamente inexistente. ¿Alguien ha visto una bandera con el logotipo? No las han sacado siquiera. Las bufandas se pueden comprar por 12 o 15 euros, cuando normalmente están en 25. Son precios de puestecillo de los aledaños. Si nos damos una vuelta por el resto de productos de la tienda, no hay un sólo apartado donde más de uno tenga una rebaja de entre 15/20 euros. De hecho, es muy curioso ver en uno de ellos, entre los cojines, álbumes y objetos de hogar, cómo el único producto que mantiene su precio original es un panel de medio metro del Vicente Calderón… y el escudo del Atleti. 

En la sección de hogar, el único producto sin rebaja es una imagen del Calderón con el escudo antiguo. (FUENTE | Atlético de Madrid Store)

Ya no es cuestión de rebajar más los precios, ni de hacer más promociones, ni ofertas. Ya no es poner un tweet tras cada victoria bombardeando con “celebrar el triunfo de nuestro equipo comprándote la camiseta con serigrafía gratis”. Ni tan siquiera es cuestión de escuchar al aficionado, que habrá quien quiera volver al escudo, y a quien le dé igual (totalmente respetable). Es asumir un error de bulto. Tocar algo sagrado sin consulta previa, a escondidas, y que nunca jamás había sido objeto de polémica, puede salir mal. Ha salido mal.

Y el club lo sabe. Tras la nueva propuesta de la afición, la recogida de firmas, la vuelta a las protestas en la grada, o hasta las palabras de tu propio capitán, hay que salir al paso y trasladar en varios medios que “no ha sido para tanto” y que “los ultras hacen mucho ruido”. Mec, error. La gente conoce el problema y va a ir a degüello a por el logotipo. Aquellos que no le dieron mayor importancia en verano, empiezan a desperezarse, y aquellos a los que se opusieron desde el minuto uno, ven ahora la mejor oportunidad de volver a su escudo. Incluso a alguno que le llegó a gustar, y que compró productos con él, ya no lo ve tan bonito. Porque guste más o guste menos, el nuevo no es suyo. Y tiene pinta de que nunca lo será.

Atleti, están a tiempo. Denle a los suyos lo que quieren.

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