Compartir

Aquel niño que soñaba con vestir ese escudo de mayor, el del Atlético de Madrid. Aquel niño que sentía las rayas rojas y blancas como suyas, porque el sentimiento no conoce a la razón. Era su Atleti, no el de otros… no era dinero, ni popularidad, ni superioridad… Era él. Y él era Atlético de Madrid

Aquel niño era yo. 

Y también eras tú, Fernando. También sois vosotros, los que leéis esto después de conocer el adiós de Fernando Torres. No sois niños. Él tampoco, ¿y qué?… Como si lo fuera… como si lo fuéramos.

Y como aquel niño, era, soy y seré, no puedo evitar escribir estas líneas con angustia, casi con lágrimas. Es difícil llegar a explicar en estas líneas lo que un futbolista puede llegar a hacerte sentir.

Nací en una de las épocas más fatales del club y agarrarme a una figura engrandecía mis sentimientos, y esa figura era otro niño. Con pecas, pelos de punta y la ropa tres tallas más grandes de las suyas. Seis meses después de tu debut ya tenía tu autógrafo colgando en mi pared. Te vi crecer y ser el pilar del Atleti. Ser el pilar y el sustento de mis sentimientos por estos colores.

Pero también te vi marchar… y solo tenía 8 años. Sin embargo, yo ya tenía más de tres o cuatro póster tuyos colgados en mi habitación. Para mi dignificabas lo que yo era: Atleti. Pero aquel niño, cuando dijiste adiós, decidió colgar un póster más de su ídolo… sabía que volvería.

Fernando, cada domingo, mis padres y yo nos sentábamos a ver al Liverpool en nuestro salón, deseando ver lo mismo en nuestro Atleti. Marcaste época allí. Me compré tu camiseta, la primera de mi ídolo, y un banderín del Liverpool (desde entonces mi segundo equipo).

Lloré con tu gol en la Eurocopa, rabié por no verte bien en el Mundial (porque somos así, nuestro Atleti, siempre por delante) y lloré aún más cuando marcaste en 2012 los goles para callar tantas bocas. Siempre sacaste tu bandera canalla, tu bandera rojiblanca… volverías, lo sabía.

Y lo hiciste, volviste.

Lo hiciste para cerrar el Vicente Calderón, nuestro Calderón, tu Calderón. Dos goles: grandeza. Has sido un ejemplo de profesionalidad cuando tu fútbol no acompañaba y has seguido siendo el ídolo de los que seguimos siendo niños, porque tu lo has seguido siendo todo este tiempo.

Sigo escribiendo esto viendo mi póster de Torres, de 2003, de hace 15 años… y sigues aquí. Pero por poco tiempo más. Si has estado o no a la altura es un debate cretino, ¿acaso no has hecho ya suficiente?. Quizás no. Te falta una cosa, nos falta una cosa. Falta el día en el que todos los niños cerrarán un ciclo, y es en Lyon, el 16 de mayo.

Hoy te vas de este Atleti, no de tu Atleti, no de nuestro Atleti: el que se lleva por dentro, el que late más que el resto, el que se pinta rojo y blanco. Te vas de este Atleti pero no de mi pared. Te vas de este Atleti pero volverás, de eso estoy seguro.

El verdadero Atleti es el que llevas dentro. El que llevamos dentro los niños. Tú nos representas a todos, por eso eres el Niño, con mayúsculas. 

Gracias por tanto, Fernando. Siempre seremos niños, como tú.

 

Comments

comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.