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El Atleti estará en una nueva final europea.

Tras no conseguir vencer al Qarabag en ninguno de los dos partidos, el Atlético de Madrid solo tenía un objetivo: llegar a Lyon y disputar otro título europeo.

Cuarenta y ocho años habían pasado hasta que Diego Forlán, en Hamburgo, rematara un centro del Kun Agüero en la prórroga para que el Atlético de Madrid levantara otra vez un título europeo. A los mandos de aquel equipo estaba Quique Sánchez Flores, quien llevó al equipo a ganar meses después la Supercopa de Europa, contra el Inter del triplete. La siguiente temporada no sería ilusionante más allá de aquel título, pues la Copa UEFA terminó a las primeras de cambio y obtuvo el último billete a Europa como séptimo clasificado.

Tras la partida del entrenador que devolvió al Atlético de Madrid a pasear un título por Neptuno, el Manzanares veía en Gregorio Manzano el encargado de liderar un nuevo proyecto rojiblanco. Menos de la mitad de temporada sirvieron para que la directiva tomara la decisión de buscar un recambio, un ídolo, un referente cuya imagen se respetara en el vestuario y diera confianza a la hinchada. Ese era Diego Pablo Simeone. El argentino se encargó de perder solo uno de los diez primeros partidos que dirigió, alejándose de los puestos bajos de la clasificación y guiando al Atlético de Madrid a una nueva final europea, la novena entre equipos del mismo país. Después de haber realizado un camino inolvidable, el Athletic de Bilbao dirigido por Marcelo Bielsa, se encontraba con el obstáculo más difícil de superar en el momento más inoportuno. Los goles de Diego y Falcao, marcarían el nombre del Atlético de Madrid nuevamente en una UEFA Europa League. Con este título en las vitrinas, el Chelsea de Roberto Di Matteo sería vapuleado por los rojiblancos en la última edición de la Supercopa de Europa con sede en Mónaco. Un hat trick de Radamel Falcao y otro tanto de Miranda, completaban un póker europeo desde la UEFA conquistada en Hamburgo.

La temporada posterior, Europa no vería triunfar a los rojiblancos, ya que el Rubin Kazan sería verdugo de un Atlético de Madrid que celebró una Copa del Rey inolvidable en el Bernabéu.

Dejando atrás a la Europa League, la Champions era el próximo objetivo atlético, un equipo que no encontraba su techo y se superaba cada día. Lisboa sería sede del primer gran revés con Simeone a los mandos. Una amarga derrota en un final interminable, sería el primer derbi de cuatro que se dieron en las tres siguientes temporadas, con mismo ganador en todos ellos: cuartos de final en 2015, nueva final en Milán 2016 y la semifinal en 2017, en la que a punto estuvo de rozarse el milagro en el que fue el último partido de Champions League en el Vicente Calderón.

Con la bienvenida del Metropolitano, el Atlético dijo adiós muy pronto a la Champions, para disputar, desde los dieciseisavos de final, una nueva Europa League. Con la llegada a la competición, los de Simeone encontraron el camino para conseguir otro título en Europa, dejando atrás al último Arsenal que dirigió Arsène Wenger.

Lyon será la sede en la que el Manchester United ceda el relevo como campeón de la Europa League. Esta final europea será la quinta de la década, tras Hamburgo, Bucarest, Lisboa y Milán, en la que esperemos que se refleje en su metal al dios del mar y le otorgue a Fernando Torres la despedida que merece, levantando el que podría ser el tercer título europeo en nueve años para el Atlético de Madrid.

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