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Antoine Griezmann salta al Metropolitano el día del estreno del nuevo estadio. (Fuente | Atlético de Madrid)

Y Antoine Griezmann se quedó. El francés lo confirmó en un documental en el que mostró su lado más personal, sus dudas diarias. La vida de un futbolista que quiere ganar todo, en especial la Champions League, y dudar en las formas de conseguirlo. Eligió el ‘underdog’, pero apretando las tuercas a los de arriba. Una directiva que no se rasca el bolsillo, que juega con los números para seguir pagando un estadio nuevo con su respectiva deuda, pero que quiere mantenerse en la pugna con los mejores del continente. Bendito Simeone, permítanme el apunte.

La pieza de 45 minutos deja varios puntos de vista interesantes. El día a día de Griezmann, decidir si quedarte en Madrid, ser historia y leyenda, o ser un espadachín más bajo la batuta de Leo Messi. Entiendan que es difícil. No podemos pedir al ‘7’ lo mismo que haría Fernando Torres, Koke, Gabi o Saúl por la mitad de dinero y de esfuerzo mental. La gente de la casa ya conoce el significado de ‘Atlético de Madrid’. El que viene de fuera quiere conocer proyectos deportivos ambiciosos, ganar todo lo que pueda y ser respetado por la afición mientras lleves la casaca colchonera. Algunos, incluso, se ganaron el cariño sin ser tan buenos y decisivos.

“Aquí si ganas algo, estás en la historia;
allí vas a ser uno más. Siempre”

Tampoco hay que olvidar que esto no le saldrá gratis al Atleti. El galo ha apretado hasta la extenuación a la directiva para rascar dinero y un proyecto deportivo en condiciones. Ya es hora de invertir de manera seria y convertirse en lo que hace años reclama la tribuna rojiblanca: un equipo serio en Europa que compita por todo y no venda cada año a sus mejores piezas. La culpa es de Griezmann, pero también de su mujer. Erika lo dijo: “Aquí si ganas algo, estás en la historia; allí vas a ser uno más. Siempre”. Algo tuvo que ver Simeone, Godín y algún que otro peso pesado del vestuario. Ellos quieren crecer, quieren ganar con el Atlético de Madrid y con los mejores de su lado.

También pone de manifiesto que ambos clubes conocían las intenciones de unos y otros, que Griezmann escuchó ofertas y que todo fue una pantomima de quién filtró a la prensa catalana y quién emitió un comunicado quejándose de estos contactos. Al final, una vez más, el jugador tuvo que ver menos de lo que la opinión pública generó. Griezmann no habló, algo que se achacó al ‘7’ atlético y que a ojos de la afición es entendible. Más entendible es no hablar sin tener un papel firmado y sin que los hechos sean reales: el fichaje de Thomas Lemar, posible llegada de Sidibé y renovaciones de calado (aún falta el segundo mejor jugador de la plantilla). Hay suficiente historial como para dudar de los del palco.

Sin embargo, esto tampoco le saldrá de manera gratuita a Antoine Griezmann. Ahora, más que nunca, la afición tendrá en su mano ser crítica con las actuaciones del galo en cada entrenamiento y cada partido. Las exigencias son claras: ganar títulos, conseguir de nuevo su respeto (el cariño solo para la propia familia) y asumir el liderazgo que se le pide. El ariete deberá hablar en el campo, meter goles, ser la brújula del equipo y convertirse en el aspirante al Balón de Oro que prometió en 2016. Los aires de fama se los debe ganar. Antoine Griezmann ya no tiene excusas para no ser lo que ha aparentado ser.

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