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Foto: www.sefutbol.com

“No eres como nosotros…¡fuera!”. El otro día escuché a un niño, en un parque cerca de mi casa, recriminar a otro el ‘no encajar’ en su grupo de amigos, resumido en esa magnífica y concisa oración. Esa lógica infantil que aparta de tu camino a la gente diferente y que, cuando no encajas, se empeñan en echarte a patadas. Todo esto me recuerda, a grandes rasgos (obviamente), a un futbolista de Lagarto.

Porque Diego Costa es el típico chico al que se empeñan en echar del grupo de amigos por no encajar. No es guapo, carismático, madridista, blaugrana, bajito, regateador ni jugón, por no ser, no es ni español. Ante todo este ‘tinglado’ de NO SER. A la gente se le ha olvidado lo que SÍ ES.


“Porque Diego Costa es el típico chico al que se empeñan en echar del grupo de amigos por no encajar”.

Diego Costa es el máximo goleador de España en la primera fase del Mundial de Rusia 2018. 3 goles en 3 partidos. Los tres han hecho que España siga viva en el Mundial. Costa es lucha, es el antónimo de redención. Es el ‘dale, dale, dale… que algo cae’ de los alemanes. Es la capacidad para meter con la espinilla el gol que te da la victoria contra Irán. Diego Costa es la Liga que gana el Atlético de Madrid contra los dos gigantes, porque puede, porque pelea por ello. Es el jugador que se va a Inglaterra y triunfa. Y vuelve a España y vuelve a triunfar. Es el mejor 9 de España, le pese a quien le pese, y no nos olvidemos de lo que es un 9.


“Costa es lucha, es el antónimo de redención. Es el ‘dale, dale, dale… que algo cae’ de los alemanes”.

Pero ahora, olvidemos todo el párrafo anterior, porque Diego Costa no es nada… porque no encaja. Primero no encaja porque no es español. Sí, aunque parezca mentira, la misma persona que se jacta de los logros de otros jugadores con otras selecciones, rechaza a un brasileño que decide jugar con España por ser el país que le ha dado todo futbolísticamente hablando. Porque esto es fútbol, no la vida, nunca lo olvidemos.

Segundo no encaja porque su juego no es el de España. Los que han inventado el ‘balompié’ prefieren a un bajito que combine con el resto de jugones. Da igual que marque menos goles, gane menos balones por arriba, saque menos rédito a jugadas sin salida o pelee diez balones menos por partido que Diego Costa. Porque este sí encaja. Estereotipos de la niñez, ya lo sabemos.

Ahora, sin ir más lejos, recién finalizada la primera fase del Mundial de Rusia, se pueden leer en muchos medios el nombre de los héroes que han hecho que España pase como primera de grupo. Obviamente, en ninguno podemos leer Diego Costa. Isco, Jordi Alba, Iniesta o Busquets están por encima del que no encaja, a pesar de ser el causante al menos del 40% de esta clasificación. Sin sus goles España tendría dos puntos, y donde no encajaría sería en octavos de final. Chiste fácil, sí. Pero realidad al fin y al cabo.

Diego Costa no encaja con los jugones, pero ofrece salidas que ningún otro jugador de los 23 convocados pueden ofrecer. Genera espacios y da alternativas a posesiones monótonas de los que sí encajan. Busca goles donde no los hay y brega con los defensas a pesar de haber lanzado diez desmarques previos que no han servido para nada. Entre todo esto, y en una Selección Española escasa de ocasiones, suele rematar en buenas posiciones y conseguir remates francos que pocas veces se han visto en la primera fase de los españoles.


“Brega con los defensas a pesar de haber lanzado diez desmarques previos que no han servido para nada”.

Porque encajar es una palabra vacía si hablamos de estereotipos. Yo le diré a mis hijos que den una oportunidad a esos amigos que no tienen sus gustos, porque le pueden descubrir un mundo lleno de alternativas y nuevos estímulos. También puedo decirte a ti, el empeñado en declarar a Diego Costa persona non grata en el entramado de jugones de La Roja, que las alternativas que está ofreciendo Diego Costa al equipo son de una valía incalculable y que, junto con Isco, es el principal causante de que España siga por el buen camino en este Mundial de Rusia.

Diego Costa tiene el don de no encajar. Pero también tiene el don de ser un cabezón. Poco a poco está abriéndose paso entre tanto jugón y pronto su nombre estará en la portada de los medios que siguen empeñados en enterrarle en la selección.

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