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Si pudiera viajaría en el tiempo a San Nicasio, en Leganés y le diría al niño que no se separaba del balón que soñara fuerte. Si pudiera le diría que nunca dejara de creer ni de luchar, que fuera paciente en los obstáculos.

Le diría que sí, que debutará con el equipo de su corazón, que pisará el Vicente Calderón, que será difícil, que no le dejarían ser quien era y que tendría que marcharse, pero solo porque el destino le tenía guardado algo muy grande a la vuelta.

Le diría que se convertiría en capitán en un momento complicado, que habría dudas pero no tardarían en disiparse. Le diría que el 14 a la espalda le elegirá, que levantará títulos con el brazalete bien anudado, ni uno ni dos, seis, y alguno que debería haber sido y no fue.

Le diría que ganaremos la Copa del Rey al Madrid en el Bernabéu, que ganaremos una Liga en el Camp Nou, que nos animará a celebrar lo que somos después de la más cruel de las derrotas y que se nos romperá el corazón en mil pedazos, lloraremos desconsoladamente y miraremos al mismo cielo preguntando por qué otra vez. Le diría que la lluvia empapará una de las noches más increíbles de nuestras vidas y que pese a los cambios seguiremos unidos porque el Atleti está por encima de todo.

Le diría que tendrá dos corazones latiendo, uno en el pecho y otro en el brazo izquierdo. Le diría que arropará a Neptuno y que nació para convertirse en el mejor capitán del mejor Atlético de Madrid de la historia, que será eterno.

Le diría que lo mejor está siempre por llegar y que ahora, el banquillo le espera.

Le diría: no serás futbolista, serás futbolista del Atlético de Madrid, y de los de leyenda.

Gracias infinitamente por tanto, por luchar con coraje y corazón, por ser uno de los nuestros, uno de nosotros fuera y dentro del campo. Por ser un tipo sencillo, corriente. Por ser y estar. Gracias porque por futbolistas como tú el fútbol y el Atleti tienen sentido.

Esperaremos a que reviente el estadio aplaudiéndote de pie y con los ojos brillándonos para darte la despedida que te mereces. Vuelve pronto, que ya te echamos de menos, te necesitamos.

Te marchas, pero no te vas, te quedas en cada brizna de césped, en cada córner, en el fondo sur (“a la voz del capitán, marcharemos otra vez…”). Te quedas entre las rayas de esta camiseta que tanto has sudado, te quedas entre el corazón y el escudo (que la misma cosa es) porque el escudo no es por fuera, ya es por dentro, bordado en la piel.

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