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La mañana del 1 de febrero de 2014 me desperté y como era costumbre, encendí el ordenador para consultar la información deportiva del día. Todavía no sabía que ese día no iba a ser uno cualquiera, no me iba a encontrar con las mismas informaciones de los dos gigantes de siempre, que si unos no estaban contentos, que si los otros no querían jugar la Copa… “Bendito problema”  el que se me presentaba día a día me dije cuando conseguí recuperarme del shock que me provocó haber leído “Fallece Luís Aragonés”. 

Mi primera reacción, motivada por la incredulidad, por las ganas de que aquello no fuera verdad, fue acudir a distintas fuentes con el fin de contrastar la información. Efectivamente, la tragedia se confirmaba, la muerte del ex futbolista y entrenador español a causa de una larga enfermedad que había sobrellevado en silencio, copaba todas las portadas. 

48 horas después de la fatídica noticia, el Atleti jugaba en el Calderón, ese estadio cuyo primer gol hizo el Sabio de Hortaleza una mañana de octubre de 1966 y del que tantas veces se había marchado poniendo en pie al respetable.

A mi llegada al Manzanares, antes de entrar al estadio, me detuve unos minutos en la puerta 8, en la que los aficionados colchoneros habíamos ido dejando nuestro recuerdo. Un sinfín de velas, bufandas, camisetas, fotografías, recortes de periódicos, en recuerdo de la leyenda que nos había dejado. 

Una vez pasado el abono por el torno y tras el cacheo pertinente, ya en las gradas, que poco a poco se llenaban, se podía sentir la tensión que estaba presente en el ambiente. Pocos minutos antes del pitido inicial, al mismo tiempo que en el fondo sur se desplegaba una enorme tela roja en la que aparecía dibujado en blanco el rostro de Zapatones acompañada del mensaje “Luis Aragonés, leyenda atlética DEP” saltaban al césped jugadores y ex compañeros de Luis. Todos juntos portaban una camiseta rojiblanca gigante con el nombre de Luís y el número 8 que tantos años había sido suyo. Dicha  fue posada con mimo en el centro del terreno de juego y todos ellos que alguna vez habían defendido la camiseta del Atlético de Madrid al igual que lo hizo en su momento Aragonés, se abrazaron para vivir juntos un minuto de silencio en su honor. 

Mientras tanto, en la grada, 55.000 bufandas extendidas con orgullo y pena a partes iguales así como miles de lágrimas las cuales se hacía imposible que pudieran ser controladas por sus dueños.

Cuando sonó el silbato del árbitro que indicaba el final del minuto de silencio muchos pensaron que los actos habían tocado a su fin, pero ni mucho menos fue así. El fondo sur mantuvo sus bufandas en alto y silbó a todo el que se atrevió a romper el silencio que reinaba en el Vicente Calderón hasta el minuto 8 de encuentro, cuando todas las gargantas presentes comenzaron a cantar al unísono el nombre de Luís Aragonés. 

Esa noche Luís vivía el primer partido de su Atleti, que ganó 4-0, desde el tercer anfiteatro y como no podía ser de otra manera, todas las dedicatorias y los recuerdos fueron para él. 

Tres meses y 16 días después de que Luís Aragonés nos dejara en cuerpo para seguir acompañándonos en alma, el Atlético de Madrid se proclamaba campeón del Campeonato Nacional de Liga por primera vez en 18 años. Este desenlace liguero cogió a casi todos por sorpresa aunque desde luego a El Sabio no, ya que nadie sabía como él que solo había un campeón e iba de rojiblanco. 

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