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El Real Madrid marca en el Camp Nou antes del derbi del sábado. | GETTYIMAGES

Dicen que en el póker tan importante es tener una buena mano como saber qué cartas tienen los adversarios. Quizá uno, si es bueno, puede tirarse un farol y hacer caer en la trampa al rival. O, por el contrario, conocer los puntos débiles de éste y buscar la oportunidad de ganarlo con tus herramientas. En un símil futbolístico (quizá un poco apurado), el Real Madrid, anoche, mostró en El Clásico de Copa sus cartas, y el Atleti, como espectador, tuvo la oportunidad de observar la partida con su mano bien guardada.

Y es que el Madrid dio síntomas de mucha mejora respecto a los tres últimos meses (tampoco era difícil), pero volvió a mostrar carencias que lleva repitiendo a lo largo del curso. Impropias quizá de un equipo campeón, pero habituales en este Real que, lejos de ponerle remedio, parchea constantemente sus defectos para que brillen sus virtudes. Y anoche, durante un buen rato, le salió bien.

Durante la primera media hora larga de partido, el Barcelona le dio al Atleti una clase práctica de lo que no tiene que hacer ante el Madrid. Concesiones de espacios, cesión de la posesión en tres cuartos y mucha, mucha parsimonia en el centro del campo. Pecado mortal, que el Madrid puede ser el más flojo de la década pero no son cuatro amigos que se reúnen en Orcasitas para echar la pachanga de los viernes. Y Benzema a buen nivel, como viene siendo habitual estas semanas, te puede descoser, como hizo anoche con Jordi Alba. 0-1 y medio trabajo hecho en el Camp Nou.

El dominio era madridista, con y sin balón. El Atleti en eso último no suele tener problema, porque con la pelota no dura mucho.

En el último derbi en casa, el Atleti no pasó del empate ante un flojo Madrid. | Foto: atléticodemadrid.com

No es un equipo sobón como el Barça. Para los últimos compases del primer acto, los culés se hicieron con el control del esférico y se vio algo repetido en muchos Clásicos: el Madrid atrás y el Barça moviendo el balón, aunque con poca profundidad.

En la segunda parte, el Madrid dio su versión 18/19. El Barcelona redujo a los blancos a la mínima expresión, y aunque el empate se hizo de rogar, lo cierto es que cualquiera sabía que el gol local iba a llegar pronto o tarde.

Y no era para menos, todas las costuras merengues se vieron, una detrás de otra, alumbradas con el foco de Batman. El costado izquierdo es una broma de mal gusto, personificada en la tripita de Marcelo, que sube la banda con alegría y la baja con asco y pena, pero también en la figura de Bale. Lo que una vez fue el Ferrari de la parrilla madridista, anoche se vio una vez más a la peor versión del Minardi con el que debutó Alonso en el Gran Circo del motor. Ojalá los veamos el sábado sobre el césped del Metropolitano.

El centro del campo se deshizo en cuanto salió Llorente del campo. Ni Modric, ni Kroos, ni Casemiro. Éste último salió en cuerpo al Camp Nou, pero el alma y la mente se las dejó en casa. Con el canterano lesionado, el brasileño jugará casi seguro el sábado. Todo lo que no sea dejarle en cueros por parte del cuatrivote, será un fracaso.

Incapaces de dar dos toques seguidos, el Madrid volvió a demostrar que sin gasolina (o sin ganas) es una marioneta en manos de aquel que quiera usarla. Sólo se salvaron Keylor Navas, que al pobre hombre lo han desterrado a la Copa cuando está a un nivel muy superior al del Pequeño Canguro, y Carvajal y Varane, que sujetaron la defensa (Ramos estuvo correcto, pero una noche más pudo haber sido expulsado).

El próximo Balón de Oro, Vinicius, pelea con Semedo. | GETTYIMAGES

Los minutos del próximo Balón de Oro, Vinicius, vendido como la reencarnación de Pelé, Cruyff y Romario fueron explosivos. 5 minutos estelares y 50 de chufla, al igual que su homólogo en el otro costado, Lucas Vázquez, que sabemos que jugó el partido porque marcó el gol madridista.

El Atleti tiene que tomar buena nota de este Madrid. Un Madrid que, revitalizado, sigue siendo un cromo, muy vulnerable, de lo que ha sido estos años. Si los colchoneros salen a morder (y no a mamonear como en Sevilla), al Madrid se le pueden ver las cartas muy temprano, y sólo en manos de Simeone está la posibilidad de tirarse un All-in y sacar escalera de color, o volver a apostar la ciega chica y pasar para perder lo mínimo posible. Las cartas ya están sobre la mesa.

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