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(Foto: Atlético de Madrid)

Pese a las dudas y escépticos que había en la familia rojiblanca, Álvaro Morata con carisma, buenas actuaciones y goles hace olvidar el otrora bajo rendimiento de la delantera

Benito Villamarín: Derrota 1-0, penalti no pitado, otro tren perdido en La Liga. No era el mejor comienzo para Álvaro Morata en el Atlético de Madrid, ni mucho menos el deseado. No obstante, el partido ante el Betis quedaría solo como un mal recuerdo. Su puesta de largo en el Metropolitano tuvo como oponente al Real Madrid, aquel equipo donde Morata fue tan poco valorado. Contra los blancos, vimos destellos de lo que podría llegar a ser el delantero en el equipo de Simeone. Pese a esto, un nuevo revés. Ya no solo la derrota y la mala imagen del equipo, sino que el pobre Álvaro dejó a Courtois pintado, firmando una vaselina perfecta para estrenarse como goleador colchonero. Al menos por unos instantes. El VAR, el maldito VAR, anulaba de manera irregular el gol que había festejado con su afición el ex madridista.

Como si estuviera guionizada su vuelta a los colores rojiblancos, otro de sus ex equipos llegaba a la avenida de Luis Aragonés para disputar la ida de los octavos de final de la Champions: la Juventus de Turín. Después de haber contribuido al gol de la victoria en Vallecas, Morata volvería a ver puerta ante la Vecchia Signora. Otra vez, entre el pícaro Chiellini y el VAR ahogarían su grito. Siempre con una sonrisa, volvía a aceptar la decisión de que le anularan otro gol y seguiría en la búsqueda de estrenar su casillero con el Atlético de Madrid. Por eso aquella noche vivió como uno más la gran fiesta del Metropolitano con el doblete uruguayo, poniendo en ventaja al equipo ante uno de los grandes favoritos de la máxima competición europea.

Por fin el domingo pasado supo convertir un zurdazo pegado al palo derecho de Asenjo para celebrar, broma mediante, su primer gol en el Atlético de Madrid. Todos en el banquillo repetían el gesto que hizo Morata a Griezmann, la pantalla del VAR. Cualquiera en su lugar podría haberse sentido atrapado en una vorágine de negatividad, pesimismo o reincidente mala suerte, no así Morata que, con un gran rendimiento, carisma, cercanía y los recientes goles, se ganó cada aplauso recibido a su salida en el último duelo liguero.

Hoy, el delantero ha dado una nueva exhibición en los primeros cuarenta y cinco minutos. No solo ha convertido dos goles, sino que ha sido una pesadilla para los defensores de la Real, a los que ha sabido ganar los saltos en balones largos y en largas galopadas lejos del área. Entre risas esperaba junto a Theo Hernández, quien aprovecha cada oportunidad para despreciar al club que le dio la oportunidad de ser quien es, para certificar con un cabezazo el segundo gol en el año. Rulli ya le había sacado de manera magistral un primer remate, pero no pudo hacer nada tampoco en el segundo tanto de la tarde donostiarra.

Álvaro Morata ha caído de pie en el Atletico de Madrid de Simeone y el equipo está encantado de tenerlo. Desde la amistad con Koke, la complicidad con Godín o la complementación con Griezmann, ha encajado como un guante tanto en sus presentaciones sobre el verde como en sus declaraciones. El idilio rojiblanco con Morata parece haber hecho nada más que empezar.

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