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(Foto: ESPN)

La celebración de Morata escenificó el punto y seguido de las tiranteces entre la plantilla y una parte de la afición

En cualquier relación que se precie, la monotonía puede llevar al hartazgo. Koke lo dijo en otras palabras en la previa, pero viene a significar lo mismo. Parece que eso es lo que le ocurre a una parte de la afición del Atlético de Madrid, que utiliza de escudo su derecho a discrepar del Cholismo, pero centra su catarsis en figuras como el capitán y el entrenador que sacó (y mantiene) a flote al club.

Esta noche se ha escenificado en el Metropolitano una nueva bronca entre los sectores de la afición. Digo nueva porque ya el pasado sábado fue el Cholo el que sufrió los silbidos de varios, pero hoy han tenido respuesta desde el Fondo Sur. El mismo lugar que ha iniciado los cánticos a favor de Koke tras marcharse pitado al ser sustituido por Morata. Acto seguido, han pronunciado memorables himnos como ‘Vikingos no’ o ‘quien no salte, madridista es’ que para sorpresa de un servidor, han sido silbados por los que silban a iconos del club. Como poco, un sinsentido.

Uno que vestía de blanco hace no mucho, pero que presume de sentimiento rojiblanco desde muy pequeño se ha encargado de demostrar en el campo que quiere estar aquí. Lo ha hecho hoy y lo hizo en sus primeras carreras el pasado invierno. Morata es un jugador que las ha vivido de todos los colores, que ha decidido estar aquí y está encantado de enfundarse la camiseta del Atlético de Madrid partido tras partido. Cuando se ha escuchado por primera vez después de mucho tiempo otro cántico propio de época de vacas flacas como es el ‘¡Atleti échale huevos!’, ha sido el 9 quien ha corrido a presionar la salida de balón contraria como si fuera necesaria una remontada.

Así ha jugado hasta que ha marcado el único gol de la noche, apagando el fuego que se va extendiendo poco a poco. Ese que alimentan quienes salen antes del campo buscando el micrófono de los medios sedientos de división. Esa palabra que no se pronunciaba en el Atlético desde que el Cholo estaba al mando. Equipo y afición estaban tan unidos que ningún menosprecio o insulto de fuera hacía daño a la estructura que ambos formaban. Hoy en día es diferente, muchos aprovechan descalificativos de voces ajenas a este sentimiento para apoyarse en ellos. Hoy ha sido Morata, quien en su celebración ha escenificado el casi divorcio de varios sectores de la afición, porque la plantilla está convencida de que la unión es lo que hace temible a este equipo. Es hora de darse cuenta de que la división en las familias no lleva a nada bueno, que tener los papeles de divorcio en la mesa son solo un aviso para lo que viene. Llamaremos a estos una serie de episodios de disconformidad transitoria, porque el éxito está en la unidad.

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