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(Foto: Atlético de Madrid)

Hace no tanto, el Atleti tenía una sola trinchera, desde la que aguardaba su turno para tumbar al rival. Aquella estaba en el césped, las de hoy se cavan la grada.

Escuchar la opinión de los aficionados del Atlético de Madrid antes, durante y después de cada partido se ha convertido en un ejercicio de paciencia que, aunque ya sea habitual, sigue sorprendiendo. No precisamente porque se escuchen voces contrarias a la doctrina de la parroquia, lo que llama la atención es el fondo de sus argumentos, la visceralidad o las lagunas intencionadas.

El Atlético más actual es producto de la división. La primera, cuya génesis fue provocada por el dúo, nada tiene que ver con el fútbol. Hoy, sin embargo, la que nos interesa es la que atañe al verde. El resultado de anoche en Mendizorroza, no por ser el peor sino por ser el más reciente, volvió a sacar lo peor de los colchoneros.

La mayor trinchera que existe esta temporada después de la purga estival tiene como protagonistas a Correa y Lemar. También podríamos añadir aquí a Vitolo, pero el canario se ganó los minutos y volvió al olvido por las lesiones. El caso del argentino y el francés es claro. El primero cubre con sudor lo que no puede con juego. El segundo, al contrario. Lemar no ha generado lazos afectivos con la gente, a diferencia de Correa, y es juzgado tras cada error por su amistad con Griezmann como mayor aval para su llegada.

En la delantera continúa vigente el juicio a Morata por sus orígenes blancos, el mayor argumento para defender a Diego Costa. El mayor y el más cercano a la realidad, pues Costa es hoy en día apenas una nebulosa del que se fue a Londres con precontrato firmado en enero. Igual que el último capitán. No obstante, como decía antes, las lagunas intencionales frecuentan los argumentos de los atrincherados. Cabe destacar que a día de hoy es Morata el más fuerte pegamento (o intento de) entre la afición, pues además de declarar siempre en esta línea lo demuestra con sus actos.

Para la trinchera cavada contra Simeone bien vale un nuevo artículo porque hace tiempo que sus mínimos errores pesan más que sus grandes aciertos. No es esto flor de un día ni resultado de los comentarios en redes sociales, ya sabemos que estos últimos están dedicados a la espontaneidad y la exageración con el fin de generar interacciones. No se confundan.

Cuando aparecen los problemas, muchas veces la solución está en como afrontarlos. En esto ha ido empeorando el Atlético de puertas hacia afuera, donde cada vez se escuchan más voces que hunden de las que levantan. No escribo estas líneas con esperanza ni tampoco con nostalgia, sino con asombro de que quizá la característica que potenció la época más brillante del Atlético de Madrid reciente, sea también la que vaya mermando poco a poco el presente y empuje al reinicio.

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