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Foto: Atlético de Madrid

El Atlético de Madrid tropieza en Champions League ante el Bayer Leverkusen tras un partido en el que no fue capaz de encontrarse a sí mismo, a pesar de estar a punto de sacar algo de provecho en el último suspiro. Resultado insatisfactorio y sensaciones poco positivas.

Con el mismo ánimo con el que salió el equipo ante el Sevilla, el equipo del Cholo volvió a cometer un exceso de pasividad ante el rival que tenía enfrente. Como aquel que ha estudiado para el examen, pero solamente lo justo y se presenta a ver qué pasa. El problema llega cuando ese mínimo de esfuerzo a última hora no da para aprobar y suspende. Algo parecido le pasó al Atlético de Madrid ante el Bayer Leverkusen, invisible durante los primeros sesenta minutos y volviendo al juego en los últimos treinta.

Animado, quizás, por la segunda mitad en el Pizjuán en la que estuvieron Costa, Morata y Correa juntos en el campo, Simeone alineó a los tres delanteros de inicio. Sin embargo, el efecto buscado no surgió. La fluidez en ataque brillaba por su ausencia, la pelota no circulaba con rapidez y ni Diego, ni Álvaro la olían. El sistema de 4-3-1-2, con Correa de enganche, obligaba a que el argentino tuviese que desplazarse a banda cada vez que los rojiblancos no tenían el cuero. Como consecuencia, las transiciones defensivas eran más pobres y el Bayer Leverkusen se asomaba con peligro cada vez que salía hacia el área de Oblak.

Al producirse estas situaciones, se creaban oportunidades a balón parado que fueron un quebradero de cabeza durante todo el partido. Demirbay colgaba el balón al primer balón, donde se acumulaban hombres como para parar un camión. Las dudas del guardameta esloveno dieron paso al pánico general de la defensa, que sentía pavor cada vez que había un córner en contra. Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo?, pensó Peter Bosz, el técnico local. Un concepto que aún no puede aplicar Simeone porque, básicamente, las cosas no terminan de arrancar.  Insistiendo con la misma estrategia en los saques de esquina, Thomas en propia puerta puso el 1-0 en el marcador.

Con la imposibilidad de robar la pelota y elaborar jugadas trenzadas, el equipo se topó al inicio del segundo tiempo con otro gol más, esta vez de Volland. Los cambios cobraron efecto, Lemar y Vitolo dieron otro aire, con una mejor ocupación de las alturas y con una combinación más efectiva. Lo que no fue totalmente efectiva, fue la conversión de las jugadas, pues el gol llegó en el descuento. Aún así, Morata pudo hacer el empate en un mano a mano que sacó Hradecky. Una épica demasiado bonita para ser verdad, una épica demasiado bonita para ser merecida.

No es cuestión de la propuesta, sino de su ejecución. Las ideas de Diego Pablo Simeone se quedan en un constante ensayo de aquello que funciona y aquello que no. De momento, la búsqueda de la fórmula maestra sigue. Mientras tanto, no queda otra que tirar de actitud y perseverancia para que no se repitan partidos como el de hoy.

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