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El equipo agradece a la afición el esfuerzo tras el encuentro. (Fuente: Atlético de Madrid)

El Atlético de Madrid se marcha del Metropolitano con la sensación de perdonar al FC Barcelona tras 90 minutos excepcionales. Probablemente mañana cuerpo técnico y jugadores tendrán trabajo por delante en el Cerro del Espino. Análisis, correcciones tácticas y recuperación física tras el desgaste de 90 minutos bajo la incesante lluvia de la capital. Sin embargo, no se podrán echar en cara falta de coraje, corazón y juego. La grada y el verde del Metropolitano rebosaron a borbotones mucho de eso.

El Atlético de Madrid avasalló al FC Barcelona durante la primera media hora de juego y, en términos generales, su partido fue completo hasta la aparición de un invitado no tan sorpresa. Los hombres de Diego Pablo Simeone bordaron a la perfección el plan que dibujó el técnico argentino: presión alta, agresividad en el robo y una defensa (casi) perfecta. A pesar del posicionamiento de Saúl Ñíguez en el lateral izquierdo, los colchoneros supieron solucionar los intentos de Leo Messi y Luis Suárez, pero el Atlético falló cuando no podía fallar, cuando el encuentro caminaba sobre el alambre.

Detener al ’10’ argentino no es fácil ni se hace con un chasquido de dedos. La tan típica pero infalible internada desde banda derecha hasta el borde del área es ya un clásico del fútbol de la última década. Los culés aprovecharon la pérdida en campo propio, montaron el contraataque con Messi a la cabeza, pared y directa a la red. La única desconexión en 90 minutos tuvo un precio excesivamente caro: la derrota.

Pero el problema que arruinó el gran despliegue del Atlético de Madrid no fue la falta de concentración, la falta de juego o de identidad. Los rojiblancos conocen perfectamente la ruta que deben seguir. Los encuentros tras el parón internacional son buena prueba de ello. El mal endémico que acompaña al equipo desde el comienzo de la temporada no es otro que la falta de puntería de cara a puerta.

Ángel Correa disputa el balón durante el encuentro ante el Barcelona. (Fuente: Atlético de Madrid)

Achacar al equipo falta de ideas o fluidez de juego no lleva a ningún debate que dirima si es la causa principal de derrotas o empates. Esa discusión no existe. El Atlético remató 17 veces a portería, donde siete de esos tiros fueron entre los tres palos. Resultado: cero goles a favor. Los rojiblancos realizaron cuatro finalizaciones más y con menos posesión que el FC Barcelona. Los datos explican que si los colchoneros quieren llegar lejos, deberán solucionar un problema que limita todas las virtudes del equipo.

La primera parte pudo matar a los azulgranas incluso cuando al Atlético le faltaron las fuerzas después de 30 minutos a fondo. Mario Hermoso y Álvaro Morata tuvieron las ocasiones más claras, pero al otro lado estaba Ter Stegen. Una segunda parte más equilibrada a lo largo de los 45 minutos, pero que fue más de lo mismo: falta de gol hasta que Messi apareció para solventar una auténtica batalla bajo el diluvio.

En resumen, para conseguir puntos y superar eliminatorias, las ocasiones deben materializarse en gol más pronto que tarde. Remates que se traduzcan en gritos que destrocen gargantas y en abrazos que fundan a los aficionados del Metropolitano. En otras palabras: seguir creyendo, pero con mayor puntería en los metros finales.

Porque las dudas matan y morir en la orilla es de las peores cosas que pueden pasarle a un equipo. El Atlético está demostrando testarudez, cabezonería e insistencia en una idea que, más allá de gustos, funciona en el renovado proyecto del Cholo. El mal de perdonar se paga caro, pero insistir y nunca persistir deben ser el camino de los de Simeone para, quien sabe, poder optar a los títulos cuando el final de temporada se asome por el Metropolitano.

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