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Diagonal. Toco. Me voy. Recibo. Ruleta. Suelto. Pierden. Vuelta. Defensa. Robo. Caño. Peligro. Y así, todo el partido…

Una luz fuerte, muy fuerte, capaz de cegarte si te fijas también en su alrededor, aparece en un entorno adormilado, como sin ganas. Esta iluminación es conocida, y tan conocida… pero ahora brilla más fuerte que nunca.

Esa luz tiene su origen en Jaraguá do Sul, en Santa Catarina (Brasil). Esa luz pareció apagarse cuando más fuerte brillaba, una mudanza hizo que sus hilos conductores se trastocasen (que no apagasen). Esa luz fue inteligente, sus hilos conductores debían volver a su lugar. El casquillo de esa luz encaja perfectamente con un lugar a las orillas del Manzanares.

Esa luz volvió para brillar más fuerte que nunca y, ahora, nos obliga a mirarla y frotarnos los ojos para poder ver con exactitud el calibre de su destello. Esa luz tiene un nombre que ya conocéis (permítanme la indiscreción). Se llama Filipe Luis y no puedes pronunciar su nombre si no es para elogiarle, no te estoy obligando, simplemente porque no es posible.

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Filipe, el mejor de largo en el inicio de Liga.

Elogios, eso es lo que ahora recibe -por lo menos por mi parte- la luz que ilumina el lado izquierdo de los míos, los rojiblancos. Filipe volvió para ser el de antes, tardó, sí… pero lo consiguió. Pero Filipe no es el típico chico conformista, quiere mejorar. Para que la luz brille a ese calibre se necesita que esté al 100% de sus posibilidades, que se encienda siempre que se le necesite y cuando no. Por eso Filipe volvió a las órdenes del Cholo antes de tiempo, porque quería deslumbrar más que nunca. Y lo está consiguiendo.

Está claro que estás palabras son de opinión personal, pero permítame decirle que si no está de acuerdo, por lo menos, con el 90% de mis palabras, usted está completamente ciego (o simplemente el fútbol no es su fuerte). Porque Filipe ataca, defiende, crea, se compromete, corre, ayuda, se atreve y si se equivoca, se come el césped para enmendar el error (pocas veces tiene que hacerlo). Porque Filipe en lo futbolístico está impecable, pero además le acompaña un sentimiento que ya está dentro de él. Los latidos de esta luz no son latidos normales, son latidos en rojo y en blanco. Esos latidos merecen un compromiso y una calidad que Filipe no solo ha alcanzado, los ha mejorado.

El partido ante el Leganés ha sido el detonante para que esa luz brille más fuerte que nunca, porque en un entorno oscuro, las luces… brillan más. Luces que solían brillar para iluminar el rectángulo ahora se encuentran fundidas. Otras se encuentran en una luz tenue, como que sí pero no.

Y ante este panorama, señoras y señores, Filipe Luis brilla como nunca (y como nadie) en este equipo.

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