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Dicen que más vale ‘malo’ conocido que bueno por conocer. Y quien dice malo, dice todos aquellos gurus ‘inventores’ del fútbol que trataron de vendernos que defender mucho y marcar poco no era jugar al fútbol. 

Quizás lo que no saben, o sí, es que no jugar bonito no es lo mismo que no jugar. Porque jugar, jugábamos mejor que nadie, por eso se lograron cinco títulos en cinco años. Que sin los Messi, Cristiano o Ribery pudimos competir con los que sí los tienen. Que nosotros no comprábamos a los mejores jugadores del mundo, sino que les convertíamos en ello, desde el trabajo y compromiso que tanto caracteriza o, permítanme un segundo de nostalgia, nos caracterizaba. Y eso era Cholismo. 

Pero algunos, llamémosles x, se empeñaron en llamar anti-fútbol a lo que funcionaba. Y como todos sabemos, lo que funciona, no se toca. Pero se ha tocado. Y claro, tocar acaba pasando factura. Una factura que más temprano que tarde se acaba pagando cara. Se puede discutir de si por el rendimiento de ciertos jugadores, por el sistema, la motivación o cualquier otra crítica que tanto nos gusta hacer cuando no salen las cosas, pero la realidad es que algo falla desde que combinar se ha sobrepuesto a defender, y marcar mucho a encajar poco. Una pérdida de identidad

Entiendo que muchos quieren ver a un Atleti que juega bien y bonito, pero yo – como cualquier atlético – quiero ver a un Atleti campeón. Puede gustar más o menos, pero campeón solo se ha salido jugando de una manera. Y aunque el fútbol tiene poca memoria, no olvidemos cómo ganamos a los titanes del fútbol europeo. Como equipo unísono, encerrados y a la contra.

Así que a mí que me devuelvan ese Atleti que molestaba, al que todos criticaban, el que no jugaba a nada, pero ganaba. Que me devuelvan el ‘unocerismo‘. Lo de jugar bonito, se lo dejo a otros porque al fútbol se juega para ganar, no para agradar a cuatro hijos de p***’. 

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