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Sacar fuerzas de flaqueza debe ser la especialidad de todo aficionado al Atlético de Madrid. Evidentemente, la derrota ante el eterno rival siempre es dolorosa y después de perder de manera rotunda, el ejercicio de fe es mayúsculo. Más si cabe siendo en Champions League. Sin embargo, lo doloroso no es observar el electrónico, lo realmente doloroso es sentir que el equipo dejó su esencia, su idiosincrasia, en el vestuario. La falta de actitud, de garra, de lucha, de ganas, se palpaba en cada pase que realizaban los jugadores del Atlético.

El discurso del cholismo destila ilusión, esperanza y rebelarse ante la adversidad. Todo esto al ritmo que marca Simeone. Sin embargo, se quedó sobre el papel. El planteamiento del argentino se cayó a cachos en una cita de gran envergadura donde, curiosamente, el argentino siempre ha sabido dar la talla. El bonaerense no se achanta, no pierde la cara a los retos, pero el Atlético de Madrid, al igual que pasó en los cuartos de final de 2015, especuló con el resultado y, esta vez, con el futuro. Diego Pablo Simeone tiene crédito suficiente para equivocarse una y mil veces más, pero el mantra cholista, el primero de los mandamientos, se rompió por la mitad: “partido a partido”.

La afición, en momentos puntuales, ha reclamado a Simeone sacar a los jugadores sobre el césped o fuera del hotel de concentración para dar el último aliento de sus gargantas, para dar el último empujón que haga creer a la masa que sigue al Atlético de Madrid. El día antes de la ida de semifinales salieron, pero ante el Real Madrid no. La falta de actitud fue masiva y clamó al cielo de la afición rojiblanca. Solo queda una cosa: vivir o morir.

Koke, en el programa radiofónico El Larguero (Cadena SER): “Simeone nos ha dicho que si alguno no quiere jugar el miércoles que lo diga y sin problema”

Restan noventa minutos de vida, de esperanza, de ilusión, de una última vez en el Manzanares. La arenga no tiene que ser para llegar a Cardiff, no. La charla previa al encuentro de vuelta debe servir para devolver el respeto obtenido ante los rivales y marcar la senda que ha hecho campeón a este grupo de jugadores y que ahora más que nunca deben levantarse y dar un puñetazo sobre la mesa. Todo esto se gana sobre el césped con sudor, ganas y esfuerzo. El próximo miércoles, Diego, sácalos.

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