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Pudo ser una de las que se ven pocas veces en esto del fútbol. Pero Hazard, la Roma y el buen planteamiento londinense estaban ahí para evitarlo, para pena colchonera (en la que indagaremos, claro).

En lo referente a lo ocurrido en el césped (lo importante, vamos), ya en el primer minuto Zappacosta dejo entrever lo que iba a venir a continuación por la banda derecha rojiblanca. Porque Giménez no es lateral y porque su velocidad de giro es inversamente proporcional a su garra.

El Atlético de Madrid comenzó bien plantado. Torres bajaba balones y sus compañeros los movían. Sin embargo, la defensa estática del Chelsea mataba las posiciones eternas de los de Simeone, pues para tirar abajo esa muralla se necesita sorpresa y con Filipe en una banda y Giménez en otra la sorpresa no es viable.

En esos primeros minutos los rojiblancos combinaron con los Koke, Saúl y Gabi por dentro, pero esto duró unos pocos minutos. Morata inquietaba de la nada y estuvo a punto de marcar en dos ocasiones, en una de ellas Oblak comenzaba su habitual recital.

En el 36′ el esloveno hizo una de las paradas del año a un tiro de Zappacosta, que seguía aprovechando las carencias del Atlético por la derecha. Al descanso, era el Chelsea el que decidía y movía el balón con un Atleti a la espera y preparado para salir.

La segunda mitad comenzaría con una sucesión  de ocasiones claras, muy claras, clarísimas… de los locales. Oblak era el único de parar las continuas ofensivas de Hazard, que dio un un recital similar al del guardameta.

Minutos más tarde Filipe tendría el primero en sus botas con un zapatazo que se estrelló en el palo, la mala suerte acompaña al Atlético esta temporada. Sin embargo, en un córner, antiguamente fetiche para el Atlético, llegaría el 0-1. Peinada de Torres magistral en el primer palo y remate de Saúl a placer. Un gol de viejos tiempos y una épica, en ese momento de viejos tiempos.

El Chelsea reaccionaría con un Hazard imperial, que asolaba la banda derecha rojiblanca. Con el gol de la Roma ya conocido llegaría el 1-1, por lo menos sería menos doloroso. Jugadón del belga de la noche (ni Courtois, ni Carrasco, ni Batshuayi…) para igualar el partido, con una ayuda inestimable de Savic que la introdujo en su propia portería -quizás no lo hubiera hecho un delantero, nunca lo sabremos-.

Ni el Atlético tomaba Londres, ni el Qarabag tomaba Roma. En los últimos compases, lejos de reaccionar con las entradas de Correa y Vietto, el Atleti sufrió con las llegadas de Willian y Batshuayi a la contra.

Final y pasó lo que tuvo que pasar. Lo que era previsible. Al Atlético le gusta hacer lo imposible, lo que nadie se espera. Pudo ser una noche para hacerlo. Por el contrario, la épica no venció ni al presente ni al pasado (ese pasado de no meter un gol al arco iris en Roma o el de no poder no en uno, sino en dos partidos, contra el Qarabag).

Porque pudo ser inolvidable, épico, apoteósico, increíble, bárbaro, inverosímil, prodigioso, inimaginable, milagroso, indescriptible e incluso, pudo ser Atlético de Madrid. Pero no lo pudo ser para pena colchonera, pero la pena colchonera es menos pena, pues la pasión la supera (y con creces).

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