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Antoine Griezmann celebra uno de los tantos conseguidos ante el CD Leganés. (Fuente | Atlético de Madrid)

El Metropolitano rindió tributo a Enrique Castro ‘Quini’. El día, plomizo en Madrid, acompañó a la soledad con la que el mundo del fútbol español se quedó en la noche de ayer. Minuto de silencio completo -ya era hora- y respetuoso. La afición, a la altura de las circunstancias. Después, fútbol y goles. Algo de lo que el ‘9’ sportinguista y azulgrana entendía a las mil maravillas.

Pero no todo fue fiesta en el templo colchonero. Gabriel Pires colocó un balón preciso a la espalda de la zaga atlética. Eraso, sin embargo, no pudo precisar de la misma manera que su compañero. Sin descanso, Griezmann avisó de la tormenta que estaba por venir. Lanzamiento directo y a la cruceta. El francés, que vive en estado de gracia, se quedó con la miel en los labios. El toma y daca seguía. Gerard Gumbau, en un potente tiro lejano, quiso dar la campanada, pero el larguero se lo impidió. Suspiraba el Metropolitano ante la ofensiva pepinera.

Y hasta aquí. Porque si Griezmann quiere, el Atlético lo consigue. Con la solitaria ocasión de Griezmann, los rojiblancos supieron aprovechar la segunda oportunidad que tuvieron. Koke, otro que está de vuelta, desde el centro del campo colocó al primer toque el esférico en las botas del ‘7’. Orientación y para dentro. A la segunda, sin perdonar. El Atlético, por delante. Después de avisar en su primera ocasión, el francés se sacó de la chistera un lanzamiento directo que ejecutó a las mil maravillas por el palo del portero. Gol y celebración con el banquillo. Ventaja doble y al vestuario. Lo mejor estaba por venir.

Sin embargo, el espíritu combativo del Leganés no desistió en el comienzo de la segunda mitad. Jan Oblak, que actúa poco, pero lo hace como el mejor (porque lo es), se estiró a la perfección para evitar que Amrabat recortase distancias. Y hasta aquí (otra vez). Jugada rápida, pase en profundidad de Diego Costa para Filipe Luis, conducción y el balón en la cabeza de Antoine Griezmann. Cabezazo inapelable para conseguir su segundo hat-trick consecutivo. El Metropolitano se convirtió en el lugar perfecto donde homenajear al gol.

Sin bajar el pistón, el Atlético convertía el cuarto y definitivo. Balón para Costa, centro al segundo palo y el galo sentenciaba ante el vencimiento temprano de Cuéllar. Antoine Griezmann conseguía así sumar cuatro goles, el primer francés en hacerlo en Primera División, y reconciliarse (más si cabe) con la afición colchonera. Y pudo sumar una asistencia, pero Diego Godín anotó el quinto tanto en posición antirreglamentaria.

El resto, sin más historia de la que quisieron aportar Atlético y Leganés, sirvió para que Jan Oblak, de nuevo, demostrara sus reflejos y la estirada. El buen disparo de Bustinza en el descuento permitió ver la manopla del esloveno en la cepa del poste para evitar el tanto de la honra. El Atlético, a cuatro puntos del FC Barcelona (a falta de que juegue su encuentro ante la UD Las Palmas), apunta a los azulgranas con la intención de dar más vida a la Liga el próximo domingo.

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