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(Fuente | Alberto Hernández, LaGradona)

Jorge Valdano y Fernando Torres mantuvieron una conversación de fútbol, del Atlético de Madrid y la trayectoria deportiva del canterano atlético, en nuevo capítulo de la serie ‘Universo Valdano’ que se pudo ver a través de BeINSports LaLiga. Sentado en la butaca número 9 de una de las salas de los cines Kinépolis (Madrid), el ariete rojiblanco explicó desde la más absoluta sinceridad sus momentos más especiales como futbolista.

¿Por qué nunca jugaste en el Real Madrid?

Después de tantos años es algo muy obvio. Nací atlético, crecí atlético y era mi destino.

El vínculo con el Atlético

Cuando uno es español el fútbol está implícitamente en el día a día. Se respira futbol en este país y en los colegios aún más. Cuando uno crece en el colegio siendo el único atlético y teniendo que reivindicarse cada día, y tener que dar explicaciones por llevar tu camiseta cuando tu equipo pierde, pedirle a tu madre que te la lave que la quieres llevar al día siguiente aunque tu equipo haya perdido y ves que los demás no lo entienden, no lo comparten y que no lo hacen cuando le toca perder a tu equipo, es algo que te refuerza y que al final de un día para otro no puedes cambiarte la camiseta y dejar de ser atlético. Ya es algo que llevas dentro. Y así me tocó crecer a mí.

¿Del Atlético por el abuelo?

Es así. Mi familia no es la típica familia que se reunía a ver los partidos el domingo todos juntos en casa, el momento grande de la semana. Todo lo contrario. Prácticamente no se veía fútbol, no éramos muy seguidores. Mi hermano mayor, siete años mayor que yo, era portero de un equipo del barrio en fútbol sala y necesitaba quien le entrenara. Yo como hermano pequeño, obligado, tenía que ir a entrenar a mi hermano. A chutar, a chutar, a chutar… y así empecé cogerle gusto al fútbol y así empezó mi afición.

El primer partido del Calderón

Sí, para mí era algo que surgió de repente. Estaba en casa de mis abuelos en Madrid, vimos que jugaba el Atleti y mi abuelo y mi padre me invitaron a ir con ellos. Recuerdo el partido, los goles, los momentos, el ambiente frío, muy frío, el estadio ni mucho menos estaba lleno. Pero todo eso queda en un segundo plano cuando estás yendo por primera vez al Calderón, que solo habías visto en los periódicos o en las noticias. Te sentabas en la grada y eras uno más de verdad apoyando al equipo. Ahí empezó mi idilio con ese estadio.

Los inicios en el fútbol

Empecé a querer a jugar al fútbol todo el tiempo. En cambio, en la televisión no me gustaba verlo. Yo quería salir a la calle y jugar. Nosotros no teníamos las facilidades que hay hoy en día de campos de fútbol o espacios abiertos en todos lados. Teníamos que juntarnos cuatro o cinco a ver quien conseguía un balón, había que llamar siempre al que tenía balón en casa para que viniera a jugar, ver a qué colegio conseguimos saltar la valla para entrar a jugar o ver en qué espacio verde entramos antes de que venga el jardinero a echarnos. Esa era parte de la magia de la infancia: buscar un sitio para jugar al fútbol.

¿Veías tu propio potencial?

No, no pensaba en eso. Me divertía. Me daba igual jugar con los niños de mi edad que con los amigos de mi hermano, que eran siete años mayor que yo y no era capaz ni de tocar la pelota. Me divertía y me gustaba luchar, pelear e intentarlo. Ahí empecé a querer ganar y a enrabietarme cuando perdía. Llegar a casa enfadado porque había perdido una pachanga con mis amigos en el parque. Ahí empieza un poco lo que diferencia un poco a los chicos que avanzan, aunque no tengan todas las condiciones. El fútbol es eso: el reivindicarte, el querer ganar, el querer luchar, el no darte por vencido y si pierdes, levantarte e intentar ganar al día siguiente y si vuelves a perder, lo mismo. No darte por perdido.

Fernando Torres junto a Antonio López y ‘Gabi’ Fernández. (Fuente | La Gradona – Alberto Hernández Heranz)

Siempre he sido muy flaquito, muy rápido, muy ágil y entre los niños de mi edad siempre iba destacando. Entro en el Atleti con 10 años y ya ves que hay muchos más de esos. Te sientes un privilegiado. Entras en el alevín y había 15 más, éramos 16 que habíamos sido seleccionados, y van pasando los años que tú piensas “este chico va a llegar a Primera División”, piensas eso con 10 años y sin saber lo que significa, y se van quedando en el camino por una razón y otra. Tú sigues avanzando y vas viendo que todo marcha. Ahí es el momento en el que llegas a los juveniles y es el momento clave: empiezas a jugar contra los grandes equipos de España, campeonatos en Europa, empiezas a ser seleccionado con las categorías inferiores de la Selección Española… Tú vas viendo que vas quemando las etapas, que vas pasando y que quizá algún día sí lo consiga.

El debut

Es una época en la que paso de jugar en el juvenil al primer equipo en apenas un mes. Ese paso tan acelerado y saltándome tantos escalones naturales, me vino bien porque la ignorancia de saber dónde me estaba metiendo me ayudó. 17 años recién cumplidos y me ayudó a no darme cuenta de lo que significa y la responsabilidad que conlleva estar ahí. Mejor con esa liberación. Me vino bien.

Lo recuerdo con mucho cariño. Sueño cumplido de debutar en el Atlético de Madrid. Yo con eso habría tenido suficiente. Era todo lo que soñaba un chico de la cantera: debutar con el primer equipo. Todo lo demás para mí ha sido un regalo. Ese primer gol seguro que fue un antes y un después. ¿Cuántos chicos han debutado, han tenido sus oportunidades, no han conseguido encajar de alguna manera en el equipo, han vuelto al filial y nunca más se ha sabido de ellos? Creo que son momentos muy importantes para un canterano.

El gol al Albacete

Cada gol es importante en su momento y este fue fundamental para mí. Si no, quizá, no habría empezado la pretemporada siguiente con el primer equipo. No lo sé, quizá sí o quizá no. Nunca se sabe, pero creo que ese momento fue clave. Ese gol a 10 minutos del final, con el equipo luchando por el ascenso, que teníamos que ganar obligatoriamente todos los partidos, e incluso así dependíamos de terceros para el ascenso. Entré por Kiko, marqué el 0-1 que nos daba otra vez la oportunidad de soñar y de creer. Creo que ahí empezó la magia de mi relación con la afición: yo dos semanas antes estaba con ellos en la grada viendo el equipo y era uno de ellos el que saltaba al campo.

La figura de ‘Kiko’ Narváez

Esa es una de mis espinas. Nunca coincidí con Kiko en el campo. En los cuatro partidos que yo jugué esa temporada, la última de Kiko en el Atlético, no coincidimos en el campo. Era el ‘9’ del Atlético cuando yo empezaba, mi referente. Todos queríamos ser Kiko. El jugador que la afición idolatraba, el jugador que siempre se quedaba cuando los demás se iban marchando… por características eran totalmente diferentes. Yo soñaba con jugar con él, porque creo que eran muy complementarias y habríamos sido una buena pareja.

Fernando Torres celebra su gol besando el escudo. (Fuente | Atlético de Madrid)

Me regaló el brazalete (de capitán). Todos estaban en el vestuario: “este niño que ha venido aquí y lleva dos semanas entrenando…” que no sabía ni mi nombre. Por eso de ahí viene lo de ‘El Niño’. Vienen los chicos de la cantera y no sabemos sus nombres al principio hasta que empiezan a entrar. En esa época eran todos ‘niños’ los que subían… “niño, niño, niño” y ‘Niño’ me quedó.

La rivalidad con el Real Madrid

Cuando convives en la misma ciudad con el club, quizá más grande del mundo, pues hay que saber llevarlo. Puedes sentirte oprimido y puedes sentirte con la necesidad de siempre estar comparándote con el rival, que ha habido épocas así que creo que son negativas, o puedes vivirlo desde la manera en que te tiene que servir para crecer, para querer llegar y superar con tus armas, tu mentalidad y tus valores. Podemos pelear, con quien sea, somos poquitos, somos menos, pero si estamos juntos, podemos competir y ganar a quien sea.

Ejemplo de humanidad

Se va perdiendo todo esto cada vez más. El fútbol es cada vez más un negocio más global y se pierde la identidad de los inicios y de perder el respeto a la importancia que tiene el trabajo de los que levantan un club. Quizá es el Atleti que me han enseñado. He tenido gente que me ha ayudado y recuerdo ver en la televisión a mi equipo, decir “¿quién es ese señor que está de delegado entre los banquillos que sale siempre?” que es Carlos Peña y luego le conoces. Eso es el Atlético de Madrid para mí. Los Carlos Peña, Manolo Briñas, Manolo Rangel… la gente que a mí me ha inculcado lo que es el Atleti: trabajar duro, no poner excusas y nos vamos a perder muchas veces y va a ver momentos duros, pero nos tiene que servir para levantarte con las ganas de volver a pelear.

Un futbolista entre lo viejo y lo nuevo

Nunca me lo habían dicho, pero sí. Creo en la importancia de saber de donde vienes y que los orígenes son muy importantes. Hablando del Atlético, somos quienes somos hoy y estamos viendo el mejor episodio en la historia del club por el trabajo de mucha gente antes. Cuando hablamos siempre de estos últimos años, me acuerdo de mis compañeros que venían de equipos de Primera División al Atleti de Segunda porque era el Atleti, porque querían ser partícipes del ascenso. De ellos también son los éxitos de hoy. No hay que pensar tan a corto plazo. Es muy importante el trabajo de la gente de club, pero también es importante la evolución y el saber que, si el fútbol se está moviendo hacia otro sitio, tenemos que mantener los valores, los inicios y los orígenes, pero ser capaces de abrir la mente para evolucionar porque si no te quedas y la distancia con los grandes es mucho mayor. El equilibrio entre esas dos cosas es lo más complicado.

La figura de Luis Aragonés en el Atlético

Con Luis creo que me pasaron cosas que te pasan con un padre: te vuelve loco. Te exige, te hace repetir las cosas hasta que salen bien, te dice cosas que probablemente no estás entendiendo y solo quieres que se acabe esa charla porque te supera… y con el tiempo te acuerdas de esas conversaciones y de esos consejos a diario. Me pasa aún hoy.

Fernando Torres aplaude al público junto a Saúl Ñíguez. (Fuente | La Gradona – Alberto Hernández Heranz)

Nunca me regalaba un elogio. Era muy exigente, me hizo sufrir mucho en mi primera temporada con él, la temporada del ascenso, donde disfrutas del ascenso del equipo, volvemos a primera división, y a la vez tienes la sensación de que me está costando y esto ya va en serio. Tienes un entrenador reconocido, que unas veces juegas y otras no, y empiezas a tener dudas muy joven. Todo cambia en Primera División donde juego siempre. Sigue la exigencia, pero de alguna manera digo “aquí esto no se puede acabar, esto es solo el inicio. Hay que disfrutar, hay que ser mejor, escuchar, abrir la mente y ser capaz de tener la humildad necesaria de pensar que cuando te lo dice será por algo”, ningún entrenador quiere perder.

Son etapas del aprendizaje que cuando eres joven y rebelde y piensas que lo sabes todo, que te vas a comer el mundo, no aceptas. Con el tiempo y la madurez te das cuenta de que es una etapa natural, que todos tenemos que pasar y que ya al tener con 18 años, siendo titular del Atlético de Madrid, ya es más que un regalo. Pero esto en su momento no lo ves. Luego se separan nuestros caminos y ahí es cuando empiezas a darte cuenta de lo que te ha enseñado, de las cosas que te van pasando ya te había prevenido él antes.

La salida del Atlético en 2007

Durante ese proceso de consolidación del Atlético en Primera, de esa etapa de transición, hay ofertas siempre. Es algo que me agrada, de alguna manera me hace sentir bien porque quiere decir que las cosas están saliendo, pero nunca es una posibilidad real. Yo quería estar en el Atleti toda la vida. Estar en la época de crecimiento, poder jugar Europa, pero es un proceso que se va haciendo más largo y, sobre todo, tengo la sensación el año que decido irme de que puedo ser un freno.

Hay un partido con el Barcelona que perdemos 0-6 en el Calderón y la sensación de ese día es que estamos tan lejos de Barcelona, Real Madrid y otros equipos que en ese momento están por delante del Atlético. ¿Cuántos años más hacen falta para acercarnos? ¿Y cómo se construyen esos equipos? A base de seis jugadores que son los de siempre y luego los demás van bailando porque tienes una estructura fuerte. De alguna manera siento que está todo tan centrado en mí, que quizá no sea positivo para mí el crecimiento del club y es la primera vez que siento que tengo que sacrificar mis sueños y a mí como futbolista, porque yo solo quería estar ahí, por el bien del Atleti, que es mucho más importante. Es una de las razones o muchas de las razones por la que tomo la decisión de que es el momento. Tenía una promesa conmigo mismo, por lo menos dejarlo en Europa. El equipo clasificó a Europa ese año y perdí la oportunidad que había ido buscando todos esos años porque pensaba que era lo mejor para el club y quizá para mí. Por suerte el tiempo me dio la razón, el Atleti creció, fue mejor, un equipo que se consolidó en Europa, jugando la Champions, y a mí por mi parte también me fue muy bien.

La relación con la afición tras su marcha

Para mí estoy seguro de que pase lo que pase de aquí en adelante es lo mejor que me voy a llevar en mi carrera. Ser capaz de mantener el cariño, la admiración de los tuyos, de tu gente, de los que tú perteneces de la forma en la que la gente me lo hace saber cada entrenamiento o cada partido.

Muchas veces se dice que uno no es profeta en su tierra y quizá esta sea la excepción. Eso es algo que no se entrena, no se puede comprar, es algo natural, algo espontaneo. Cuando tú quieras a alguien o quieres algo lo haces porque sí, incondicionalmente, y haber conseguido eso es el mejor de los trofeos.

El regreso al Atlético de Madrid en 2014

Fue espontaneo. No se organizó, no se esperaba. De hecho, se había abierto una puerta para que la gente pudiera entrar y se acabaron abriendo todas. Yo entrené esa mañana e iba de camino, me iban llamando amigos: “oye, que se está llenando, que está lleno”.

Como cuando un hijo se va fuera a estudiar y está muchos años fuera, siete en mi caso, y tu gente, tu familia, sabe que algún día vas a volver, el día que sea da igual, las circunstancias y lo que pase, que van a estar ahí para esperarte. Eso fue lo que sentí yo ese día. Sin duda el mejor día de mi carrera, más que la Eurocopa, más que el Mundial, más que cualquier cosa. Tener la sensación de que todos habían ido para decirme “hola”, porque no había un partido, no había nada, era increíble, es algo más de lo que yo siempre pude soñar.

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