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Foto: Ghanasoccernet.com

De taekwondista a futbolista, pasando por la trágica muerte de su padre y una disciplina impoluta. Santiago Arias llega a Madrid con un largo camino de obstáculos, curvas y corazón.

‘La Gacela’, como llamaban sus compañeros del colegio a Arias por su velocidad, empezó a serlo por obligación. Su predilección por el taekwondo venía de su afición a las películas del género. Sin embargo, su padre, hincha de Nacional y futbolista frustrado, insistió en que el pequeño Santiago desarrollase su capacidad futbolística.

Entre dos aguas, la del fútbol y la del taekwondo, Santiago Arias creció viviendo con su madre y su padre. Ella, empleada de un jardín infantil, él, conductor del transporte de los niños del jardín de su madre. El colegio y su padre le incentivaban en el fútbol mientras perdía el rumbo del taekwondo. Medellín le veía crecer pero pronto La Equidad, equipo de Bogotá, llamaría a su puerta para incorporar a ‘La Gacela’.

Su futuro futbolístico no ilusionaba más a nadie que a su padre. Desde Medellín veía crecer al pequeño Santiago en el deporte en el que él no pudo triunfar. Por desgracia, cuando Arias tenía 17 años, la tragedia llamó a su puerta.

Raúl, padre del jugador, fue trágicamente asesinado en un atraco en el que actuó como un héroe. Transportando a los niños del jardín infantil hacia su casa, sufrió un asalto en el que resultaría fatalmente herido mientras apartaba a los niños del conflicto. Arias sintió el dolor desde Bogotá, mientras su madre y el resto de su familia perdía a Raúl en Medellín.

A pesar de todo, Raúl siguió viviendo en Santiago. El lateral utilizó el recuerdo de su padre y su afán por ver a su hijo triunfando como futbolista para crecer. Además, heredó su capacidad de orden y disciplina y lo incorporó a su juego. Arias estaba seguro de que su padre iba a estar orgulloso.

Tras el duro golpe, Arias comenzó a triunfar muy pronto en La Equidad y se ganó la titularidad con tan solo 18 años. Formó parte de un equipo campeón ya como lateral y el Sporting de Portugal llamó a su puerta para contar con él. Santiago se acercaba al sueño de Raúl.

Su inicio en Portugal fue duro. Jugando con el primer equipo, solo, pues su familia seguía en Medellín y con una cultura aparentemente distinta. A pesar de ello, Arias se adaptó y utilizó los obstáculos para hacerse más fuerte y se acostumbró al calor de Lisboa y a la velocidad del juego europeo.

Ya en 2013, fue Jorge Mendes quien vio en Arias un futuro lateral de talla mundial. Tras jugar solos 7 partidos con el primer equipo, el PSV confió en él para cumplir su sueño… y vaya si lo hizo.

El pequeño Santiago alcanzó el sueño de su padre: doble mundialista, doble participación en la Copa América, 136 partidos con el PSV (3 ligas y dos copas) y mejor jugador de la Eredivise holandesa 2017/2018.

Ahora, Santiago Arias afronta otro reto ilusionante. Con la misma mentalidad del pequeño takwondista y con el reflejo de su padre en cada estadio: “Yo sé que donde sea que esté, mi papá me está cuidando. Y siempre le agradezco su apoyo porque hubo momentos en que, como todo joven, uno no quiere madrugar, se cansa de entrenar, quiere renunciar… Era entonces cuando él aparecía para darme ánimo y enseñarme a ser más disciplinado”.

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