Llega el momento de sustituir a Hugo López-Gatell 12/01/2020

01 diciembre 2020

La única forma de evaluar a un gobierno es por sus resultados. Sus intenciones pueden ser muy nobles, pero si no conducen a una mejora en la vida de los gobernados, son inútiles.

Hoy, hace dos años, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador Se llevó al país con muchos problemas, especialmente los derivados de una aplicación de la ley deficiente, como la inseguridad y la corrupción.

El presidente creía que la forma de solucionar estos problemas era demoler el edificio administrativo y reconstruirlo. Y así empezó a hacerlo. Se han destruido muchas instituciones y políticas públicas para reemplazarlas. Con el tiempo, podemos decir que los problemas que existían no han desaparecido y han surgido otros nuevos. Entre estos, el más destacado es el de la salud pública.

Cualquiera que diga que funcionó de maravilla antes del 1 de diciembre de 2018 sería una mentira, pero se ha encontrado una forma de detener su colapso.

El gobierno ha decidido que los refuerzos que implementaron administraciones anteriores para mantener el antiguo edificio de la Seguridad Social, como el Seguro Popular, deben eliminarse gradualmente, dejando a millones de mexicanos en el limbo. También puso fin a las guarderías sustitutivas y la formación inicial, programas en los que miles de madres contaban para poder trabajar. Y canceló el mecanismo de compra y distribución de drogas, alegando que estaba infestado de corrupción, lo que hacía que las drogas escasearan.

En definitiva, destruyó el pasado para construir el futuro, pero sin cuidar el presente.

En esto, la pandemia se ha cruzado. Es cierto que el surgimiento del covid en China y su rápida expansión por el mundo no es culpa del gobierno, pero la forma en que decidió lidiar con él tuvo dos características que resultaron perniciosas: Cayó en un sistema de salud interrumpido por cambios. lo imprimieron y dieron prioridad a las consideraciones políticas, en lugar de priorizar los requisitos de salud. Una constante ha sido negar que la situación sea peor que los días o semanas anteriores, incluso cuando es innegable.

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La primera vez que el presidente dijo que la pandemia estaba bajo control fue el 26 de abril, cuando solo habían pasado seis semanas desde la primera muerte del país por covid. Desde entonces y hasta el día de hoy, ha repetido lo mismo una y otra vez, con frases como “la luz ahora es visible al final del túnel” o “el riesgo ha desaparecido”, a pesar de que la gravedad de la situación no ha desaparecido.

Esto y la reiterada postura de no aplicar suficientes pruebas o seguir de forma rutinaria los contactos de las personas infectadas, además de negar o subestimar la utilidad de la máscara, han debilitado las defensas del cuerpo social contra la enfermedad, hasta el punto. Que ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS) debió haber llamado la atención al gobierno mexicano por su manejo del covid.

“Queremos pedirle a México que se lo tome muy en serio”, dijo ayer. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la organización, durante la rueda de prensa quincenal que su agencia dedica a la pandemia. El excanciller etíope advirtió que nuestro país “se encuentra en una mala posición ante la epidemia, que ha visto duplicarse el número de casos y muertes entre mediados y finales de noviembre”. Tal despertar no había ocurrido desde que se conoció la primera infección por coronavirus en México el 28 de febrero.

En junio pasado, el gobierno asumió que la OMS había invitado al subsecretario Hugo López-Gatell, responsable de la gestión de la pandemia, para incorporarse a su comité de expertos en epidemiología. Posteriormente, sabremos que fue una invitación al país y no a López-Gatell personalmente, pero después de divulgar esta información sería difícil para el gobierno negar la autoridad de la agencia.

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Hoy, basta reconocer los graves errores que se cometieron en el manejo de la crisis sanitaria y las trágicas consecuencias que dejaron. Es hora de reemplazar López-Gatell para que sus malas decisiones y su liderazgo dejen de ser un lastre para el país y el gobierno.

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